jueves, 13 de octubre de 2022

Fiebre hemorrágica de Marburgo

 

  • La enfermedad por el virus de Marburgo (EVM), anteriormente denominada fiebre hemorrágica de Marburgo, es grave y, a menudo, mortal.
  • Este virus causa una fiebre hemorrágica vírica de gravedad en el ser humano.
  • La tasa media de letalidad de la enfermedad oscila en torno al 50%. Durante los últimos brotes, estas tasas han oscilado entre el 24% y el 88% en función de la cepa vírica y del tratamiento de los casos.
  • La rehidratación y la administración rápida de tratamiento sintomático mejoran la supervivencia. No se ha demostrado la eficacia de ningún tratamiento para neutralizar este virus, si bien se están desarrollando varios tratamientos inmunológicos, farmacológicos y con hemoderivados.
  • Se considera que el huésped natural del virus de Marburgo es el murciélago de la fruta (Rousettus aegyptiacus, familia Pteropodidae). El virus se transmite de estos murciélagos al ser humano y se propaga entre estos directamente.
  • La participación de la población es fundamental para controlar los brotes.





Transmisión

Inicialmente, la infección humana por EVM se debe a la estancia prolongada en minas o cuevas habitadas por colonias de murciélagos Rousettus.

La transmisión entre personas ocurre por contacto directo de la piel lesionada o las mucosas con sangre, secreciones, órganos u otros líquidos corporales de personas infectadas, así como con superficies y materiales contaminados con dichos líquidos, como ropa personal o de cama.

Se han descrito casos de transmisión al personal sanitario que atiende a pacientes con EVM presunta o confirmada, a través del contacto estrecho sin las debidas precauciones de control de las infecciones. El contagio a través de materiales para inyección contaminados o de pinchazos con agujas se asocia a una mayor gravedad de la enfermedad, a un agravamiento más rápido y, posiblemente, a una mayor tasa de letalidad.

También se puede dar esta transmisión en las ceremonias funerarias en que los dolientes tienen contacto directo con el cuerpo del difunto.

La infectividad persiste mientras haya virus en la sangre.




Síntomas de la EVM

El periodo de incubación (es decir, el intervalo entre la infección y la aparición de los síntomas) oscila entre 2 y 21 días.

La EVM empieza bruscamente, con fiebre elevada, cefalea intensa y gran malestar, así como con frecuentes dolores musculares. Al tercer día pueden aparecer diarrea acuosa intensa, dolor y cólicos abdominales, náuseas y vómitos. La diarrea puede persistir una semana. En esta fase se ha descrito que los pacientes presentan «aspecto de fantasma» debido al hundimiento de los ojos, la inexpresividad facial y el letargo extremo. En el brote europeo registrado en 1967, la mayoría de los pacientes presentaron una erupción cutánea no pruriginosa de 2 a 7 días después del inicio de los síntomas.

Muchos enfermos tienen manifestaciones hemorrágicas graves a los 5 a 7 días y los casos mortales suelen presentar alguna forma de hemorragia, a menudo en varios órganos. La presencia de sangre fresca en los vómitos y las heces suele acompañarse de hemorragia por la nariz, las encías y la vagina. El sangrado espontáneo en los lugares de venopunción donde se administran líquidos o se extraen muestras de sangre puede ser especialmente problemático. Durante la fase grave de la enfermedad, los pacientes presentan persistentemente fiebre elevada. La afectación del sistema nervioso central puede producir confusión, irritabilidad y agresividad. Se han descrito asimismo casos ocasionales de orquitis (inflamación de uno o ambos testículos) en la fase tardía de la enfermedad (a los 15 días de su inicio).

En los casos mortales, el óbito suele producirse a los 8 o 9 días del inicio de los síntomas y se suele preceder de grandes pérdidas de sangre y de choque.

Diagnóstico

Desde un punto de vista clínico, puede resultar difícil distinguir la EVM de otras enfermedades infecciosas como el paludismo, la fiebre tifoidea, la shigelosis, la meningitis y otras fiebres hemorrágicas víricas. Para confirmar que la causa de los síntomas es el virus de Marburg se emplean los métodos de diagnóstico siguientes:

  • prueba de inmunoadsorción enzimática (ELISA);
  • pruebas de detección de antígenos;
  • prueba de seroneutralización;
  • reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa (RT-PCR);
  • microscopía electrónica; y
  • aislamiento del virus en un cultivo celular.

El manejo de muestras de los enfermos expone a un riesgo muy alto y las pruebas analíticas de muestras no inactivadas deben realizarse en condiciones de máxima biocontención. Todas las muestras biológicas para transporte nacional o internacional se deben envasar con el sistema de triple envase.

Tratamientos y vacunas

Por el momento, no se han autorizado tratamientos ni vacunas para luchar contra la EVM. No obstante, la terapia de apoyo mediante rehidratación oral o intravenosa y el tratamiento de determinados síntomas mejoran la supervivencia.

También se podría probar el uso compasivo o mediante acceso ampliado como terapia para la EVM de algunos anticuerpos monoclonales en desarrollo y ciertos antivíricos que se han utilizado en estudios clínicos para tratar el ébola, como el remdesivir y el favipiravir.

En mayo de 2020, la Agencia Europea de Medicamentos concedió una autorización de comercialización a las vacunas Zabdeno (Ad26.ZEBOV) y Mvabea (MVA-BN-Filo) contra la EVM. Esta última contiene un virus denominado Vaccinia Ankara Bavarian Nordic que se ha modificado para que exprese proteínas del virus del Ebola-Zaire y de otros tres virus del mismo grupo (familia Filoviridae). Aunque esta vacuna podría proteger contra la EVM, todavía no se ha demostrado su eficacia en ensayos clínicos.

El virus de Marburgo en los animales

Se considera que el huésped natural del virus de Marburgo es el murciélago de la fruta, cuyo nombre científico es Rousettus aegyptiacus. Estos murciélagos no padecen enfermedad detectable; en consecuencia, la distribución geográfica del virus de Marburgo podría coincidir con la suya.

La fuente de la infección humana en el primer brote de EVM fue Cercopithecus aethiops o mono verde africano, tras su importación desde Uganda.

La inoculación experimental al cerdo de distintos virus del ébola ha revelado que estos animales pueden infectarse por filovirus y que lo eliminan de su organismo. Por consiguiente, el cerdo puede ser un huésped que amplifique los brotes de EVM. Aunque todavía no se ha confirmado que otros animales domésticos puedan estar involucrados en los brotes de filovirus, deben considerarse, por precaución, como posibles huéspedes amplificadores, hasta que se demuestre lo contrario.

En las explotaciones porcinas africanas se deben aplicar medidas preventivas para que los animales no se infecten por contacto con los murciélagos de la fruta, pues podrían propagar el virus y causar brotes de EVM o contribuir a su aparición.




Prevención y control

Para controlar correctamente los brotes se deben aplicar varias medidas relacionadas con el tratamiento de los casos, la prevención y el control de la infección, la vigilancia y el rastreo de los contactos, la calidad de los servicios de laboratorio, la seguridad de las inhumaciones y la movilización social. La participación de la población es fundamental para controlar los brotes. Se puede reducir eficazmente la infección humana sensibilizando sobre los factores de riesgo de esta infección y adoptando individualmente medidas de protección.

Los mensajes de salud pública encaminados a reducir el riesgo deberían centrarse en varias cuestiones:

  • La reducción del riesgo de transmisión del murciélago de la fruta al ser humano a través de la exposición prolongada en minas o cuevas habitadas por colonias de estos animales. En el transcurso de la actividad laboral, la investigación o las visitas turísticas a esos lugares deberían llevarse guantes y otras prendas de protección adecuadas, tales como mascarillas. Durante los brotes deben cocinarse bien todos los productos animales (sangre y carne).
  • La reducción del riesgo de transmisión entre personas en la comunidad por contacto directo o íntimo con pacientes infectados y, sobre todo, con sus líquidos corporales. Debe evitarse el contacto físico estrecho con pacientes infectados por el virus de Marburgo. Las personas que cuiden a pacientes en el domicilio deben llevar guantes y otras prendas de protección personal adecuadas y lavarse las manos regularmente. También es necesario lavarse las manos tras visitar a pacientes hospitalizados o atender a pacientes en su domicilio.
  • Las comunidades afectadas deben hacer lo posible por informar debidamente a la población acerca de la naturaleza de la enfermedad y de las medidas necesarias de contención de los brotes.
  • Las medidas para contener los brotes consisten en la inhumación rápida, digna y sin riesgos de los cadáveres, la identificación de las personas que puedan haber estado en contacto con alguna persona infectada y su seguimiento durante 21 días, la separación entre las personas sanas y las enfermas para no aumentar la propagación, la atención a los enfermos confirmados y el mantenimiento de una buena higiene y limpieza del entorno.
  • La reducción del riesgo de transmisión sexual. De acuerdo con los resultados de las investigaciones en curso, la OMS recomienda que los varones convalecientes de EVM no incurran en riesgos y apliquen medidas protectoras durante las relaciones sexuales, además de mantener una buena higiene durante los 12 meses posteriores al inicio de los síntomas o hasta que los análisis del semen den dos veces negativo para el virus de Marburgo. No se debe entrar en contacto con líquidos corporales y se aconseja lavarse con agua y jabón. La OMS no recomienda aislar a los convalecientes cuyos análisis de sangre hayan dado negativo para el virus de Marburgo.



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