Las sirenas
En el marco de la mitología clásica, las sirenas son criaturas ligeramente difusas debido al remoto trasfondo de su origen, probablemente ligado al mundo de los muertos. Se trataba de seres con cuerpo de pájaro y rostro o torso de mujer, exactamente parecidas a sus parientes las Harpías, poseedores de una voz musical prodigiosamente atractiva e hipnótica con la que embrujaban a los navegantes que pasaban junto a sus costas y los conducían a la muerte. La tradición las hacía habitar en una isla rocosa del Mediterráneo frente a Sorrento, en el litoral de la Italia meridional (en ocasiones identificada con la isla de Capri).
Distintos relatos las hacen descender de los dioses fluviales Aqueloo —una versión las hacía proceder de su sangre cuando ésta fue derramada por Heracles— o Forcis, sea sin intervención femenina o con la de las musas Estérope, Melpómene o Terpsícore, relacionadas con el canto y el baile. Su número es también impreciso, contándose entre dos y cinco. Los nombres registrados incluyen Agláope (la de bello rostro), Telxiepia (de palabras aclamantes) o Telxínoe (deleite del corazón), Pisínoe (la persuasiva), Parténope (aroma a doncella), Ligeia (empleado luego por Edgar Allan Poe para el célebre cuento homónimo sobre una mujer de mortal belleza), Leucosia (ser puro), Molpe (la musa), Radne (mejoramiento) y Teles (la perfecta). En ocasiones se les atribuye el uso de instrumentos musicales como la flauta o la lira además de la voz.
-Intuición Animal: Las sirenas/os poseen la capacidad innata
de percibir en su entorno diferentes tipos de sucesos, fenómenos o entidades,
especialmente si están relacionados con la naturaleza o si presentan un cierto
grado de amenaza.
-Inteligencia Humana: Al tener ancestros humanos, las
sirenas son capaces de entender, hablar el mismo lenguaje y razonar con estos.
-Sentidos Animales: Al ser en parte peces, las sirenas
tienen sus cinco sentidos más afilados y desarrollados que otras especies.
-Comunicación Animal: Debido a sus rasgos animales, esta
especie es capaz de entender naturalmente las formas de comunicación de un gran
número de especies animales.
-Grandes Nadadores: Las sirenas siempre han sido famosas por
su velocidad y maestría en el agua. Se dice que no existe ser que gane a las
sirenas en velocidad acuática.
-Respiración acuática: Al tener pulmones y branquias, las
sirenas son capaces de respirar en tierra firme y bajo el agua. Si alguien come
una de las escamas de su cola, podrá adquirir la habilidad de respiración
marina.
-Gran Talento para el Canto: Son también muy conocidas por
tener una gran habilidad para la música vocal. Su voz es tan magnifica como
para hipnotizar a quien la escuche.
-Cambio de Forma: Son capaces de cambiar su cola por un par
de piernas humanas para desplazarse por tierra firme, pero entre sus dedos
siguen quedando agallas.
-Longevidad: El tiempo de vida de esta raza es
significativamente más largo que el de una persona normal. Se dice que pueden
llegar a vivir por lo menos 500 años.
El primer testimonio escrito que se tiene de ellas es su
mención en la Odisea de Homero, pero ya figuraban en representaciones
artísticas de antigüedad mucho mayor, a menudo en monumentos y ofrendas
funerarios. Se presume así su vínculo con el otro mundo, siendo muy plausible
que al principio representaran iconográficamente a los espíritus de los
difuntos y/o que se las considerara encargadas de transportar las almas al
Hades (función que posteriormente asumiría el dios Hermes en su papel de
psicopompo).
Su fama deriva principalmente del célebre episodio que
protagonizan con Odiseo (Ulises) en el citado poema homérico: el héroe aqueo,
durante el periplo de regreso a su patria Ítaca y prevenido por la maga Circe,
pasa junto a su isla y logra salir indemne del peligro de su canto, gracias a
que se hace atar al mástil de su barco mientras que el resto de la tripulación
usa tapones de cera para no sucumbir al hechizo. Con todo, las sirenas también
figuran en otros episodios míticos, muchas veces con reminiscencias de ese
anterior papel como deidades ctónicas de la otra vida: algunas versiones narran
que acompañaban a Perséfone cuando fue raptada por Hades y que su apariencia
bestial fue el castigo impuesto por Deméter por no proteger a su hija del dios
del inframundo; en otras, el cuerpo alado es un don de Zeus para permitirles
perseguir al raptor, y aun en otras es una pena impuesta por Afrodita por
resistirse a la voluptuosidad o por envidia de su gran belleza. También se cuenta
que perdieron sus plumas como castigo por retar a las Musas a una competición
de canto que perdieron, aunque esta anécdota supone obviar su ascendencia
materna.
Desde el asentamiento mismo del mito según esta acepción, es
costumbre firmemente aceptada el asumir que las sirenas embelesaban a los
marineros para que se estrellaran contra los escollos cercanos y así poder
devorarlos, ya que Homero describe cómo las orillas aparecen repletas de huesos
humanos. No obstante, nunca se menciona expresamente que el objetivo de estas
criaturas sea el asesinato y la antropofagia, y se detalla que esos huesos
todavía tienen la piel adherida que "se pudre al sol". Unido a que
(según el texto de la Odisea) el contenido de la canción de las sirenas es la
invitación al placer y al conocimiento, no pocos estudiosos apuntan que cabría
la posibilidad de que se limitaran a atraer a los viajeros y éstos acabaran por
morir de inanición en la isla, absortos en el éxtasis de esas subyugantes voces
que les hacían olvidar todo lo demás. En cualquier caso, la naturaleza de las
sirenas está siempre imbuída de cierta perfidia seductora.
Los antropólogos que suscriben el parentesco de las sirenas
con el más allá plantean una hipótesis: en paralelo con arquetipos de otras
culturas, quizá estos seres fueran inicialmente genios que guardaban el paso
hacia las Puertas de la Muerte. Puertas que muy bien podrían estar
simbólicamente emparentadas con el paso de Escila y Caribdis, al que las
sirenas están próximas geográficamente según las fuentes. Eurípides, en una
estrofa del coro de Helena (verso 168) las llama παρθηνικοι κοραι parthenikoi
korai, ‘jóvenes doncellas’; en este fragmento se apoyan Laurence Kahn-Lyotard y
Nicole Loraux para incluirlas dentro de las figuras del Más Allá, identificándolas
con las cantoras de las Islas de los Bienaventurados descritas por Platón.
Según el poeta griego Hesíodo, las sirenas habitaban la isla llamada Antemoesa ("rica en flores"), donde aguardaban en solitario en un prado florido a la espera de divisar las naves para las que entonaban su canto. Según los poetas romanos Virgilio (en la epopeya Eneida) y Ovidio, vivían en los Sirenum scopuli o escollos de las sirenas, tres pequeñas islas rocosas.
La localización exacta de esta isla ha sido variada, pero siempre dentro de una misma zona. Según la Odisea de Homero, se encontraba entre Eea y el estrecho de Mesina (lugar de morada del monstruo Escila). A menudo se ha situado en el mar Tirreno, frente a las costas del suroeste de Italia, cerca de la ciudad de Paestum o entre Sorrento y Capri (en ocasiones identificándose con ésta, como por ejemplo hizo el ensayista y guionista inglés del siglo xviii Joseph Addison2). Otras tradiciones apuntan a las islas de Punta del Faro y/o Islas de Li Galli, cuyo nombre tradicional es Sirenuse y cuyo nombre "Los Gallos" hace referencia a la forma de pájaro de estos seres.
Todas estas ubicaciones tienen en común el ser lugares
rodeados de acantilados y rocas.





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