Para conocer el origen de los vampiros lo primero que debes saber es que existen dos clases de vampiros diferentes:
Los primeros se alimentan abiertamente de sangre humana. Son los vampiros modernos, de la literatura y el cine.
Los psíquicos son los que predominaban en la antigüedad. El vampiro te roba el alma, sientes que pierdes la vida, que toda tu esencia es absorbida desde algún lugar lejano y cercano a la vez. Como sí te quedaras sin sangre, y los demás ven cómo te mueres sin poder hacer nada por evitarlo.
Estos vampiros prefieren a los niños pequeños, incapaces de resistirse a sus poderes, y aparecen muy pronto en la historia de la humanidad.
La primera referencia en la historia de lo que podría ser un vampiro se da en la antigua Mesopotamia de hace 5.000 mil años, donde medraba Lilitu, demonio nocturno que secuestraba y devoraba bebés. Lilitu fue convertido en Lilit o Lilith por los judíos que vivieron en Babilonia.
Según el folclore judío, Lilit era la primera esposa de Adán (anterior a Eva), hermosa y terrible a la vez, mencionada una sola vez en la Biblia junto a los gatos salvajes, y desaparecida en el exterminio mitológico de la Baja Edad Media.
Los judíos todavía colocan un collar a los niños recién nacidos para protegerlos de los invisibles lilim que medran en la oscuridad, de los que nacieron un centenar cuando aquella Lilit de Adán yació con el demonio Samael. Son los lilu de los acadios y los súcubos cristianos que secuestran a los niños para satisfacer sus deseos.
En la Antigua Roma encontramos a los strix o striga. Además de ser un conocido género de búhos, eran pájaros mitológicos de mal augurio que se alimentan de carne y sangre humana.
Y es posible que su origen sea mucho más antiguo, pues se mencionan por primera vez en la Omithogonia del griego Boios. Donde se explica la transformación de monstruos mitológicos en pájaros.
Otro personaje mitológico romano eran los lémures o lame. Espectros de los muertos capaces de robarle la vida a quienes les hubieran maltratado o por no haber realizado el rito funerario en condiciones.
Primeras historias de vampiros
La primera historia de vampiros tienen lugar en China. Ciertos manuscritos escritos por un tal Chi Wu Lhi en el siglo III a.C., sugieren que antes de enterrar a los muertos hay que dejarlos expuestos al sol durante un día. Para evitar que un chiang-shi o Jiang-si (pronúnciese “kiangsi”) se apodere de su cuerpo.
Estos personajes pertenecientes a la mitología china tienen el cuerpo recubierto de cabellos blancos y las uñas muy largas. Si se apoderan de un cadáver, éste resucita cuando hay luna llena. Y no hay más remedio que descuartizarlo.
Historia del vampirismo en América
La leyenda de los murciélagos gigantes que se alimentan de sangre en América del Sur no es cierta. Pero solo en cuanto al tamaño, pues se trata de unos pequeños quirópteros hematófagos de 7 a 10 cm que atacan a bestias y humanos y pueden chuparles hasta 30 centímetros cúbicos de sangre en una noche.
Historia del vampirismo en Europa
Las primeras referencias sobre los no muertos que se alimentan de la sangre de los vivos se encuentran en el siglo XIV.
El primer asesino que se puede tildar de vampiro sería el francés Gilles de Rais, que luchó junto a Juana de Arco en el siglo XV, llegó a mariscal de Francia y se dedicó a la alquimia.
Reunió en su castillo a una serie de personajes relacionados con la magia negra y en su búsqueda de la eterna juventud asesinó a cientos de niños. Su historia es tan macabra que apenas puede mencionarse sin contener la respiración.
Era un adorador de Juana Arco, que perdió la cabeza cuando ella fue quemada y dio rienda suelta a sus instintos en su castillo de Tiffauges.
Otro personaje endiablado de ese siglo fue el conde rumano Vlad el Empalador, hijo de Vlad Dracul (en rumano “demonio”), de donde le viene el nombre de Drácula.
Vlad el EmpaladorFue un hombre de acción que se enfrentó con su ejército a los turcos en numerosas ocasiones, pero que gobernaba con mano de hierro y llegó a empalar a todos los habitantes de una población por oponerse a él.
Por último, tenemos a la condesa húngara Erzsébet Báthory, que a principios del siglo XVII asesinó a numerosas muchachas en su castillo porque creía que con su sangre podía conservar la juventud.






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