viernes, 21 de octubre de 2022

Megalodon

El megalodón o megalodonte (Carcharocles megalodón; del gr. μέγας megas ‘grande’, raíz megal-, y ὀδούς odoús ‘diente’, raíz odont-) es una especie extinta de tiburón que vivió entre hace 19,8 y 2,6 millones de años, aproximadamente, durante el Cenozoico (de inicios del Mioceno​ hasta el final del Plioceno). Anteriormente se pensaba que era miembro de la familia Lamnidae y pariente cercano del gran tiburón blanco (Carcharodon carcharias). Sin embargo, actualmente existe un consenso casi unánime de que pertenece a la familia extinta Otodontidae, que se separó de la ascendencia del gran tiburón blanco durante el Cretácico temprano.




El cierre del Istmo de Panamá cambió fundamentalmente la circulación oceánica global.​ Este evento permitió el inicio a una glaciación en el Hemisferio Norte,​ y más tarde, también facilitó el enfriamiento del planeta entero.​ Adicionalmente, la expansión de la glaciación durante el Plioceno retuvo grandes volúmenes de agua en forma de capas de hielo, lo que resultó en una significativa caída en los niveles del mar. A consecuencia de esto, durante el Plioceno tardío y el Pleistoceno hubo varias edades del hielo,​ que enfriaron los océanos significativamente.​ La principal razón citada para la extinción del C. megalodon es el declive en las temperaturas de los océanos a escala global durante el Plioceno.​ Esta tendencia al enfriamiento impactó de forma adversa a C. megalodon, ya que prefería aguas cálidas, y como resultado se volvió una especie extremadamente rara hasta su extinción final durante el Pleistoceno.​ No hay evidencia fósil de C. megalodon en regiones alrededor del mundo en las que la temperatura del agua había caído significativamente durante el Plioceno.​ Más aún, estos cambios oceanográficos pueden haber limitado muchos de los sitios de aguas cálidas que servían de área de cría para C. megalodon, obstaculizando el mantenimiento de su población.​ Las áreas de cría son esenciales para el mantenimiento de una especie.


El consenso de los expertos ha señalado que factores como el enfriamiento de los océanos y la disminución de las fuentes de comida durante el Plio-Pleistoceno constituyeron un factor significativo en el declive de la especie.​

Un estudio publicado en 2016 de la distribución y el ambiente del megalodonte a través del tiempo de su existencia indicó que los factores bióticos, es decir la competencia con nuevos depredadores combinada con la reducción del número de sus presas, fueron las causas principales de su extinción.​ Un análisis de la distribución y abundancia de este tiburón a lo largo del Mioceno y el Plioceno no encontró correlación con los patrones de calentamiento y enfriamiento del océano. Su declive global comenzó en el punto en que había alcanzado su máximo rango geográfico. Se halló que C. megalodon habitaba océanos con una temperatura de 12 a 27 °C, indicando que la extensión global de hábitats apropiados no habría sido muy afectada por los cambios de temperatura que estaban ocurriendo. Esto puede reflejar además que C. megalodon, como otros grandes tiburones, era parcialmente endotérmico.​ Sin evidencia de que las restricciones de temperatura fueran importantes, los factores bióticos que involucraron la disminución de la diversidad de cetáceos, en especial de ballenas barbadas, y el incremento de la competencia con los grandes tiburones blancos, los fiseteroideos y delfínidos superdepredadores parecen haber sido los principales responsables del declive y desaparición del megalodonte.​

El tamaño corporal de las ballenas con barbas se incrementó significativamente tras la extinción del megalodonte (aunque esto podría deberse a causas más relacionadas con el clima)​ Otros superdepredadores parecen haberse beneficiado con la desaparición de esta formidable especie.



El primer intento de reconstruir la mandíbula de este tiburón fue realizado por el profesor Bashford Dean en 1909. De las dimensiones de la mandíbula reconstruida, se supuso que C. megalodon podría haberse aproximado a los 30 metros de longitud total (LT), pero a la luz de nuevos descubrimientos fósiles y avances científicos sobre la comprensión de los vertebrados se considera ahora que esta reconstrucción es inexacta.​ Las razones principales citadas para esta inexactitud son: (1) el relativamente pobre conocimiento de la dentición de C. megalodon en la época de Dean, y (2) estructuras musculares inadecuadas. Los expertos sugieren que una versión rectificada del modelo de mandíbula de C. megalodon de Bashford Dean podría tener cerca del 70 % de su tamaño original, un tamaño más consistente con los hallazgos modernos. Para corregir los errores, los científicos, ayudados por nuevos hallazgos fósiles de C. megalodon y un conocimiento mejorado de la anatomía de sus más cercanos análogos modernos, introdujeron más métodos cuantitativos para estimar el tamaño basándose en las relaciones estadísticas entre el tamaño de los dientes y la longitud corporal en el gran tiburón blanco.​ Algunos de los métodos son mencionados a continuación.



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